Equipos que funcionan: más allá de las competencias
Cuando pensamos en un buen equipo solemos pensar en capacidades: Experiencia, conocimientos, formación, especialización.
Y todo ello es importante.
Las organizaciones necesitan personas preparadas para afrontar los desafíos que encuentran cada día.
Sin embargo, con frecuencia ocurre algo que resulta difícil de explicar desde las competencias. Equipos formados por personas excelentes que no terminan de funcionar y equipos aparentemente menos brillantes que consiguen resultados extraordinarios.
La diferencia rara vez se encuentra únicamente en lo que las personas saben hacer y muchas veces se encuentra en cómo se relacionan entre ellas.
Porque un equipo no es una suma de currículums, es una suma de comportamientos humanos: La confianza, la honestidad, la cooperación, la escucha, la capacidad de pedir ayuda, la capacidad de reconocer errores, la disposición para contribuir al éxito colectivo.
Todos estos elementos influyen profundamente en el funcionamiento de un equipo. Y, sin embargo, pocas veces aparecen reflejados en una descripción de puesto.
Resulta fácil medir conocimientos técnicos pero resulta mucho más difícil medir la calidad de las relaciones que se construyen cada día dentro de una organización.
Pero eso no las hace menos importantes. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario.
Cuando las personas confían unas en otras, la comunicación mejora. Cuando existe seguridad para expresar opiniones, aparecen mejores ideas. Cuando la cooperación sustituye a la competición interna, los recursos se aprovechan mejor. Cuando las personas pueden mostrarse de forma auténtica, disminuye la energía que antes se destinaba a protegerse.
Y todo ello tiene un impacto directo sobre los resultados.
Por eso algunas organizaciones están empezando a comprender algo importante: El talento no reside únicamente en los individuos, también reside en las relaciones que son capaces de construir entre ellos.
Un equipo puede estar formado por grandes profesionales y, aun así, desperdiciar gran parte de su potencial.
Y también puede ocurrir lo contrario.
Un equipo puede desarrollar capacidades extraordinarias cuando existe un entorno que favorece la confianza, la colaboración y el crecimiento compartido.
Las competencias siguen siendo necesarias y las organizaciones las necesitan y también las personas. Pero rara vez son suficientes por sí solas.
Porque el trabajo siempre termina ocurriendo entre personas y donde hay personas, las fortalezas humanas importan.
Importa la honestidad. Importa la cooperación. Importa la gratitud. Importa la valentía. Importa la capacidad de escuchar y ser escuchado.
Quizá por eso los equipos que mejor funcionan no son necesariamente aquellos donde las personas saben más. Son aquellos donde las personas consiguen sacar lo mejor unas de otras.
Conviene leer esto cuando…
- Te interesa comprender por qué algunos equipos funcionan mejor que otros.
- Quieres explorar el papel de las fortalezas humanas dentro de una organización.
- Percibes que los resultados de un equipo dependen de algo más que las competencias técnicas.
- Buscas construir entornos de trabajo más colaborativos y saludables.
- Necesitas recordar que el talento también se expresa en la calidad de las relaciones.